La sensación de estar parada a 5,200 msnm es indescriptible. El camino hacia la cumbre del Nevado del Tolima no es fácil, pero cada paso que das, cada respiración que luchas por tomar en la altitud, te lleva a un lugar donde la naturaleza parece estar tocando el cielo. Es una experiencia que cambia vidas.
Mi aventura comenzó a la madrugada, la alarma sonó a las 2:00am me levanté y salí de mi carpa. Nos preparamos con los equipos de alpinismo y linternas, tomando algo caliente antes de comenzar el ascenso. El primer tramo, conocido como «El arenal», era desafiante. Siendo la única mujer en la cordada, veía las luces de las linternas de mis compañeros unos metros mas arriba. Cada paso era un desafío y tanto mi cuerpo y mi mente lleno de adrenalina y con el cansancio de los otros días de caminata se sentían puestos a prueba. Recuerdo que, mientras caminaba, cantaba en mi mente y luchaba contra la arena que se deslizaba bajo mis pies.

Helipuerto morrena Shimmer
A pesar de la sudoración y el calor que sentía, la humedad del buff que usaba para proteger mi cara del viento frio y los pensamientos intrusivos de querer estar en mi cama no podían desviar mi atención de la meta que tenía en frente. Escalar una roca en la oscuridad de la madrugada fue un reto en sí mismo, pero finalmente, el terreno se transformó y apareció la nieve. Verla me dio el empuje final para enfrentar los últimos 200 metros. Y allí estaba, la cumbre del Nevado del Tolima. Parada en el punto más alto, la vista que se desplegó ante mí fue simplemente impresionante. El paisaje majestuoso se extendía hasta donde alcanzaba la vista: otros picos nevados, verdes llanuras y un cielo azul profundo se unían en un paisaje surrealista.

Cumbre Nevado del Tolima
Lo más impactante no fue solo la vista, sino el sentimiento que me embargó. Una mezcla de logro, humildad y conexión. Estar tan alto, tan cerca del cielo, me hizo sentir pequeña y, al mismo tiempo, inmensa. Sabía que había conquistado una de las montañas más desafiantes de Colombia, pero también entendí que la montaña me había enseñado una valiosa lección: la importancia de la paciencia, la resistencia y el respeto por la naturaleza.
Estaba fatigada, pero en ese momento, nada importaba. Con los brazos en alto y una sonrisa que no podía contener, supe que había logrado algo que no se puede describir solo con palabras. Había llegado a la cumbre y, con ella, a una nueva perspectiva de la montaña y de mí misma. El camino de regreso sería largo, pero en mi corazón llevaba la satisfacción de haber superado uno de los mayores retos de mi vida. Y sabía que, en algún momento, volvería.
Llegar a la cumbre del Nevado del Tolima no es solo una cuestión de fuerza física; es una prueba de resistencia mental y emocional, un desafío que te enseña a valorar cada paso y a disfrutar tanto del viaje como del destino. Al final, aprendí que no no solo se trata de alcanzar la cima, sino de las lecciones que aprendes en el camino.
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